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A 201 años del Congreso de Tucumán

El 9 de julio de 1816, sabemos, se firmó la independencia. Los representantes del pueblo, reunidos en un Congreso Extraordinario formado en la ciudad de Tucumán, decidieron la firme separación del monarca español.

Unos años antes, Fernando VII había recuperado su trono y esperaba recuperar todo el territorio del Imperio Español en la total extensión que tenía antes de la invasión napoleónica. Ante este contexto, las Provincias Unidas en Sud América decidieron finalmente independizarse. Mucho tiempo duró ese Congreso, que tuvo en la vehemencia de Manuel Belgrano –probablemente- a quien más incidió para lograr la independencia.

El 17 de enero de 1817, finalmente, el Congreso dio por terminadas sus sesiones y se encaminó a Buenos Aires.

Recién con la constitución efectiva de la República, tras la victoria de Mitre en 1862, comenzó a sesionar el Congreso Nacional como tal. Y no sería hasta 1906 que lo haría en el edificio actual. Allí donde diputados, diputadas, senadores y senadoras ostentan su investidura republicana y hacen de la representación de sus votantes tan venturoso labor.

En 1817, hace exactamente 201 años, el Congreso terminó de sesionar con la Independencia ya firmada y un futuro incierto por delante. Pasarían años para que se conformase un Congreso republicano que representara al Poder Legislativo de una República virtuosa justamente por la separación de sus poderes.

Han pasado dos siglos de aquel congreso que supuso la superación de la “Asamblea del año XIII” (1813) y que hizo tanto por la futura nación. Los representantes, entonces, supieron unirse y definir el futuro de todo un pueblo que no quería ser juzgado como inferior a otro. Aquellos representantes lograron la emancipación en un mundo en el que el imperialismo comenzaba a imperar en sus formas e ideas.

Dos siglos después, es menester recordar que en el Congreso de Tucumán se fundaron las bases del Congreso actual. Y que en aquel entonces se propuso la separación de Latinamérica del mundo europeo, propiciando la base de un futuro autónomo. Gestar esa autonomía ha de ser siempre la piedra fundamental que haga mella en el Poder Legislativo, arbitrando los medios para su obtención.